LAS NAVAJAS LAGUIOLE

Aubrac es una región del sur de Francia, una meseta ruda, un paraje aún bien conservado, como lo era antaño, que nos hace imaginar cómo sería la dura vida de sus habitantes en esos años pretéritos.

De este indómito lugar son y eran los campesinos del principio de nuestra pequeña historia, por el tenían que trasladarse para poder trabajar y ganarse como fuera su sustento diario, de estas hermosas tierras, dignas de visitar hoy, nace la famosísima navaja de Laguiole de Aubrac.

También conocida por sus quesos, estos lares llevaron a sus vecinos a necesitar una navaja para sobrevivir en el día a día, para comer, defenderse o cortar lo necesario si viajaban o trabajaban en la trashumancia. Ese primer modelo de navaja se llamó “Capuchadou”

A causa de que los peregrinos que realizaban el camino de Santiago y justo pasaban por allí, en 1.031, un conde fundó La Orden de los Hermanos Hospitalarios de Aubrac, que dedicados a tareas caritativas con los peregrinos, también desarrollaron la industria que todavía hoy es famosa, la cría de la vaca de Aubrac, que producía la leche para elaborar sus quesos y así poder dar de comer al pueblo y sobre todo a los miles de devotos peregrinos.

Años después de la Revolución Francesa este vasto legado pasó a los granjeros, que hoy día siguen la tradición.

Así pues, la navaja y el queso, el queso y la navaja van unidos en nuestra pequeña historia, se convirtió en un útil imprescindible para los campesinos y trabajadores. En un principio los jóvenes de la zona no encontraban trabajo en el cruel invierno de la meseta así que lo buscaban en Cataluña y a su vez, abierta una primigenia ruta comercial, los catalanes les compraban ganado, así en este intercambio de animales y cosas entre Aubrac y Cataluña se cree que nació la navaja Laguiole.

Por allá el año 1.800 se empezaron a crear talleres de cuchillería en la comarca, especialmente en Laguiole, ellos forjaban las hojas y los artesanos tallaban los mangos de hueso, ciervo, madera y materiales abundantes por la población, y se dieron cuenta de lo que les sobraba por doquier, cuernos de vaca, y ese elemento acabó siendo la marca distintiva de todos esos artesanos y sus pequeños talleres.

Su forma es reconocible, su mosca forjada en el resorte es mítica, sus pletinas, sus materiales escogidos de primera calidad, conforman una autentica navaja Laguiole Aubrac, navaja de culto en Estados Unidos, con los años han ido introduciendo novedades y famosos diseñadores a sus equipos de artesanos.

Marcas como Pagès es legendaria, las mejores a nuestro parecer, La Forge de Laguiole y Laguiole Aubrac, pero existen muchas más en ese pueblo en el que crean bellezas auténticas.

Como decíamos, con los años fueron incorporando cosas a la primigenia navaja según necesidad, como el punzón y el sacacorchos, adornándola con motivos de la naturaleza próxima, como abejas, pájaros, mariposas, pezuñas de caballo y siguen en progresión, pero llegó la temible Primera Guerra Mundial y frena o más bien mata toda la cuchillería de Laguiole y solo dos cuchilleros llegan a los años 50 trabajando, pero en los ´80 un grupo de aficionados y personas con posibles comienzan a devolverlas al mundo de nuevo y ese resurgir las lleva hasta nuestros días, encontrándose en un estado óptimo de ventas, coleccionismo y diseño.

Tener una Laguiole es tener una pequeña obra maestra, una cotizada artesanía en nuestras manos, una navaja realmente espectacular.

 

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